jueves, 16 de agosto de 2018

Un mal trato, siete patrias y una falsa potestad

    Aquella mujer era una sonrisa pegada a la imagen mutante de un espejo. Su marido era un signo de interrogación con barba, unas pupilas tatuadas con una exclamación, el brillo travieso de cualquier carcajada. Los aplastó un camión georgiano cargado de agua de mar y de sicarios y ya nunca más quedaron para escupirse en el café del otro. Ella aún camina como si fuera una muñeca rusa pero ahora algún equidistante lo nota. Él se ha convertido en el arbusto amarillo bajo la nieve, en el silencio que flota tras el paso del águila imperial. Un fotón que ha viajado durante millones de años acaba de chocar contra el excremento de un gusano con corazón de titanio. Ah, y este verano, ¡sálvate tú!


domingo, 12 de agosto de 2018

Barcelona

    Encontró el lenguaje degradado a una mera herramienta de venta o convencimiento. O sujeto a reglas y técnicas para entretener al lector, mientras no daba crédito a la libertad creativa que le transmitían aquellos montones de frutas colocados sobre la estructura alienígena que Gaudí imaginó un siglo atrás.
  Veía etiquetas escritas con jugo de limón sobre cada piel sintética y todas decían lo mismo: rápido. Recordó aquellos paseos serenos por el Parque Güell, cuando los dueños de las ciudades eran los vivos y se amaban de verdad, mientras leía un texto recargado, manido y vanal. Se reencontró con un desconocido que vive su vida paralela y le quiso abrazar, porque sabía que también vivía su vida pasada. Vio su mente lejana, devorada por los sueños que enjaulan, los nervios y la médula espinal colgando de un cerebro palpitante, sanguinolentos, arrancados de un cuerpo que ya ni siquiera es animal. Y recordó la infancia de su madre en una Barcelona mágica de pura verdad y sepia, aquella que aplastó a un genio con un tranvía y le regaló el silencio, la libertad y la serenidad eterna.


sábado, 4 de agosto de 2018

El Ganadero

    Aunque pueda parecer una vulgaridad, me llamo Soid. Siempre tuve vacas, ovejas, corderos, cabras. Era muy observador. Y me dio por estudiar. No recuerdo por qué, además no importa. Estudié mucho y ahora soy El Ganadero. Observé a mis animales y estudié aún más.
  Organicé un sistema productivo perfecto y me fue bien. Todo automatizado, sincronizado, coordinado, eficiente, limpio... Pero llegados a un punto, no daba para más. Y el ganado se moría. Creo que de tristeza y de aburrimiento. Observé y estudié aún más. Entonces tuve una visión.
    Mis vacas viven como reinas. Hacen cinco comidas al día. Disponen de su propio hospital. Cada una tiene su casa, con todas las necesidades más que cubiertas. Pastan durante horas junto a su familia y sus amigas. Cuando trabajan, disfrutan de puestos ergonómicos y ordeñadores especializados. Las lavamos y masajeamos a diario. Gozan de sus sementales. Pasan un mes al año de vacaciones en otros pastos. Escuchan música y ven imágenes del Paraíso. Lo único que conseguí fue retrasar sus depresiones, aunque estas se volvieron más prolongadas cuando aparecían.
    Observé y estudié aún más. Mis vecinos rezan. Entonces tuve una epifanía. Mantuve su vidorra de ensueño pero introduje situaciones de tensión y sufrimiento.
    Desde entonces mis vacas producen leche y miel. Cuero, lana y plumas. También corcho y marfil. Carne y láminas de oro. Sus ojos se convierten en diamantes. Sus pezuñas son cuñas de plata. Sus uñas me dan nácar y mirra.
   Sobrevuelo, de vez en cuando, cabalgando mi Pegaso, su pequeño mundo. Hace miles de años que ninguna de mis vacas me ha visto y ya no saben quién soy.
    Yo estudio y atesoro paz y silencio. Visto con diez túnicas iguales. Floto y escucho música. Pinto, esculpo, escribo. Bailo. Nado las auroras boreales. Respiro hondo. Charlo bajo los pinos. Dejo que el viento me acaricie la cara. Todo lo hago muy despacio. Leo al atardecer. Escucho a mi Hijo, un idealista que quiere empezar de cero, y a mi hija, un Espíritu libre. Dibujo el arco iris sobre el horizonte, cuando llueve. Dejo que la luz del sol me despierte y que las estrellas se cuelen en mis sueños. A veces creo lo que imagino, trazándolo con mis dedos en el aire. Hay días en los que mi cuerpo es de burbujas y plastilina.
    Soy lo que mis vacas sueñan que soy y eso me hace libre.


martes, 31 de julio de 2018

Empoderhada

    Ella olía a niña bien de provincias. Aquel hombre sin nariz le arrebató el teléfono de las manos mientras ella continuaba hablando con la nada. Él corrió hasta una alcantarilla y le lanzó la tapa como si fuera un frisbi. El agujero del suelo se lo tragó. Ella se arrodilló y contempló el negro abismo. Sonrisa congelada, ojos sin párpados, marioneta mecánica que no sabe parar de hablar. En contra de lo que esperaba, una corriente de aire fresco desprendió la tapa enredada en su pelo de plástico quemado. No sabía muy bien qué hacer, ni siquiera lo intuía, aunque albergaba sentimientos podridos, como siempre.


lunes, 30 de julio de 2018

La traición de las imágenes

Primero fue el verbo

      - ¡Oh, venga, atrópatge ya, por favor!
    René la vintiró sorprendido y algo molesto pero se atropatgó. Se pimgpó con la sábana y se fusadó hacia la mesilla, pequíntola la espalda. Turó en ese momento cuando un hombre enjuto y mal afeitado fiyitró la puerta y le xuvguró con una pistola. Sin mediar palabra, se wuturó hasta los pies de la cama y ciropgó a René en la frente. Después, se doró hacia la chica y también la xuvguró.
    Los tres se atropatgaron, aunque solo uno por propia voluntad.

Después el nombre

    El raco llevaba una fita sermoneando desde su elevado kitupo. Su tron resonaba en la espaciosa deswa y parecía emanar de las zerfeis, o desde el mismísimo vusjo, allá donde este. René estaba allí sentado por una digrestoción moral hacia una serpita que apreciaba mucho pero aquello era demasiado para él. Su bredsienfa tenía un límite y aquel raco rechoncho, calvo e indolente la había agotado. Se levantó de su gusaxvo, brusco, exasperado, hosco. Subió los lazitipons de dos en dos y empujó al raco fuera del kitupo. Cogió el hijubuofo con su vitga derecha y gritó, salvaje:
    - ¡¡¡Callaos!!! ¡¡¡Callaos todos, joder!!!


Y por fin, el adjetivo

    Aquella mujer tan zímpila y gusunterolla de su juventud había resultado ser una londuga, cuyo desequilibrio laetilo se destapó con la convivencia y la maternidad. La telaraña había sido tejida y ahora la araña había comenzado a moverse y se disponía a devorarle. Le gritaba sin compasión por cualquier nimiedad y había comenzado a amenazarle veladamente. Su voz rivada y secuosa había mutado hacia el grito guyolado de un simio cambo y firitúlaso. René abandonó la vivienda por enésima vez, necesitado del aliado vasiolutoso que le permitía pensar con claridad: el silencio. Entonces se acordó de la promesa que le había hecho a su madre antes de morir y se dirigió hacia la iglesia del barrio con paso gópitro y foncuito. René era un ateo giribritábido y sabía que allí lo único que tenía asegurado era el silencio.

    La llave de los sueños abre la puerta tras la que se guarda la llave de los sueños.


domingo, 29 de julio de 2018

Romano

    - ¿Y tú preguntas por qué todos le hemos dado de lado? Lo sabes tan bien como yo, querido. Romano es prudente; educado; reflexivo; generoso; librepensador y, para colmo, está satisfecho con la vida. No seas hipócrita, no te me hagas el inocente ahora, cielo. Su compañía te resulta tan intolerable como a nosotras.
Marco Aurelio

martes, 24 de julio de 2018

Gravedad

You did it. Estoy que arrollo. Anda, ve el asco que es aquella. Y sí, lo he comprobado yo mismo: un agujero negro engulle toda la luz.


Coma

    Lo silencioso y lo lento coma el oro del siglo 21 punto ya está todo dicho coma todo está ya escuchado punto ya se ha jugado con el argumento coma con los temas coma con la forma coma con la sorpresa coma con el estilo puntos suspensivos atrapados en la estructura que se repite sin final punto personajes aburridos vistos y leídos una y mil veces punto o por otro lado coma rebuscados caminos para ser diferente coma original coma como éste punto leo un libro tras otro durante estos días obligatoriamente libres punto me gustan y los olvido punto coma y coma letras coma y coma libros coma y coma películas coma y coma conversaciones y todo es lo mismo punto un soberano aburrimiento punto no coma el tampoco interesante ser humano del siglo 21 coma en el que coma por supuesto coma me incluyo punto me he vuelto más aburrido aún de lo que era antes y coma por un lado coma me gusta coma y por otro coma lo detesto punto los días pasan lentos coma el oro del siglo 21 punto los días pasan en silencio coma el oro del siglo 21 punto los días transcurren en paz coma el oro del siglo 21 punto miro las redes sociales y me parecen la coronación de la verborrea y la vulgaridad punto todo lo que leo me resulta mucho peor que el silencio punto no tengo nada que decir coma no tengo nada que escribir punto estoy seco y no me importa coma porque estoy tan seco como los demás pero en silencio coma sin molestar punto el silencio me parece la mayor forma de expresión coma la más importante coma la más sonora punto el silencio punto diría incluso que el silencio es una forma de estar en el mundo coma discreta punto una forma que te hace libre coma que te convierte en el soplido del viento coma que consigue que estés y no estés al mismo tiempo punto por eso hoy ya ni siquiera escribo coma ni siquiera te creo punto las letras de la pantalla táctil me sobran coma tan solo dicto al micrófono todas estas chorradas coma tan insignificantes como todas las demás ideas prescindibles que he leído y escuchado hoy y ayer y la semana pasada y el mes pasado y el año pasado y la década pasada coma tan insignificante digo coma como todas las bobadas, trivialidades y obviedades repetitivas que tendré que escuchar en el futuro punto palabras y palabras y palabras y palabras punto podría seguir como todo el mundo pero para qué punto y te añado coma tampoco esperes un final cerrado coma o abierto coma o sorprendente coma o ni una cosa ni la otra porque me trae sin cuidado lo que esperes al leer esto punto te voy a dar mi mejor obra, un párrafo de cuatro líneas que se puede leer y escuchar al mismo tiempo dos puntos



Tengo sueño coma es tarde coma me voy a dormir coma en silencio coma apagado coma tranquilo coma a solas coma en paz punto y muerto de hambre punto








El ladrono de aes

    El policío me puso en manos del alguacilo, quien a su vez me llevó en presencia del juezo. El fiscalo solicitó pena de carcelo. Mi carrera de ladrono se terminó. Tenían el armo, la pistola. También el puñalo y mis huellas en el tunelo. Yo era un ignoranto, un imbécilo acabado. Pero...
    Las amaba, a cada palabra hablada.


viernes, 18 de mayo de 2018

El susurro




    Qué bien peinado va el Doctor. Su raya a la izquierda. La coronilla domada y el flequillo ordenado y reluciente, gracias a la mascarilla de Purita Pasión. Su frente despejada, tan bonita, contorneada por un pelo que la invade como lo hacen los pinos en una playa del Mediterráneo. La curva de la nariz, suave y armónica. Su boca alegre, serena, con ese toque infantil que le da la ausencia de los incisivos. Una piel de aceituna, cultivada por las caricias y los besos. Y esa mirada de paz, de alegría, algo turbada ahora, algo más resistente, algo más madura. Con ese brillo que siempre prende la chispa del mío.
    Levanta sus manitas sabias el Doctor, y forma un cuenco con ellas, las palmas hacia arriba. Me mira y se ríe con todo el cuerpo. Mete su cara en ellas y deja caer un susurro sobre la piel, una voz suave y divertida que cala en las líneas del destino y alimenta las huellas de las yemas de sus dedos apacibles.

Es un cuento, me dice.

    Lo sujeta con delicadeza, no vaya a ser que se derrame. Me pide que me agache y lo vierte sobre mi oreja. Fluye por las curvas de luz y sombra de mi cartílago rojo y transparente, como si un torbellino lento pudiera existir. El Doctor se me acerca suave y pega su boca a mi oído y me susurra en el idioma de los niños. Es el empujón que necesita el cuento para terminar de hacer su viaje.
    Arrodillado, abrazo al Doctor Babitas y le beso en la mejilla. Él ríe divertido, es otra de sus bromas. No sabe ­─o sí─ que yo ahora tengo su cuento dentro. Que habita en mí, crece silencioso y a su ritmo y manera, sin que nos enteremos. Y que, cuando menos lo espere, sus susurros decidirán transformarse en palabras que espero ser capaz de comprender. Palabras que depositaré, con mucho cuidado, en una cama voladora hecha de papel, que a veces viaja a visitar a otros.